jueves, 10 de diciembre de 2009

El brichero


Paso tambaleando por el pasillo del avión con dificultad por la cantidad de gente, julio esta por acabar pero en lima no hace frió, sino todo lo contrario. Pero el aire acondicionado me juega una mala pasada y empiezo a sentir frió.

Buscando mi asiento (que esta en la cola del avión) cruzo la mirada con los ojos azules de una rubia.

La rubia del avión


Me dice en español (con un marcado acento anglosajón) si esta ocupando mi asiento, le digo que si a la vez que el aire acondicionado aumenta, provocandome un escalofrío. Ella se levanta y yo ocupo mi lugar al lado de la ventana.

En eso llega un compatriota y toma lugar en el ultimo asiento al lado del pasillo.

Ahora somos 3 en la fila, yo a la ventana, la rubia en medio y el hombre aquel al lado del pasillo. El avión despega y yo miro con nostalgia el cielo oscuro por la ventanilla observando como las luces se hacen mas pequeñas.

Voy pensando en cosas que me hagan olvidar el miedo que me da viajar en avión, eso en parte se lo debo a las películas de atentados terroristas o esa en donde aparecen un montón de serpientes matando a todos en el avión, cuando oigo a la rubia murmurar algo.

Está hablando con el hombre que se sentó en el asiento al lado del pasillo, no puedo evitar escuchar lo que dicen.Hablan de la vida, de sus vidas en lima y de lo que harán de ellas en los estados unidos (y de lo que no harán tambien). Ambos ríen y hablan, hablan y ríen y yo sigo mirando por la ventanilla las nubes del atlántico norte. La rubia me pide prestado mi lapicero y yo me quedo dormido al poco rato.

Ya como a las 7 am el avión aterriza, me dirijo al área donde salen las maletas justo para encontrarme con la rubia y al compatriota aquel, riéndose. Me da un poco de vergüenza así que logro guardar distancia. Cojo mi maleta y me dirijo a la sala de espera (tenia otro vuelo que tomar). Y justo cuando empezaba a relajarme, los veo venir. La rubia me mira, mete la mano a uno de sus bolsillos y saca el lapicero que le preste en el avión.

Cojo mi lapicero, me agradece y juntos desaparecen por el umbral del caluroso Miami.

domingo, 6 de diciembre de 2009

A través del espejo


El pobre chico suda y suda mientras el padre lo observa con mirada severa.
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En el gym (otra vez)
Está sobre una bicicleta, de esas que están estáticas haciéndote creer que vas a excesiva velocidad o que eres el campeón mundial de ciclismo. Le dice a su padre, que frunce el ceño al ver que su hijo rendirse ante el dolor, que ya no puede. Y efectivamente, la camiseta que lleva puesta el pobre muchacho esta mas que mojada.
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El padre compra una botella de agua mientras el hijo se estira y hace muecas de agonía, tal vez a su edad el pobre muchacho quisiera estar en algún lugar mejor que estar torturando sus púberes músculos.
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El padre le ordena, discretamente, que coja las pesas, y el pobre muchacho obedece resignandose. Se ve en su cara que el peso es poco mas de lo que podría aguantar, pero sin embargo logra hacer toda la rutina completa, lo cual es admirable.
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Ya están por acabar y empiezan a reírse, el padre hace bromas y logra relajar a su hijo que con un suspiro y con bastante endorfina en las venas dice: Termine!.
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Yo los veo a través del espejo mientras hago abdominales, al inicio pensé en lo afortunado que fui de no haber compartido mucho con mi padre (a esa edad preferiría estar jugando nintendo), pero luego me mezclo con ese sentimiento de envidia y felicidad que me da tan agradable escena, y sonrio con ellos.

jueves, 19 de noviembre de 2009

keke para dummies


Son las 5 de la tarde de un domingo muy aburrido, me da flojera ir a comprar el pan y busco un camino fácil. Se me ocurre en preparar algo, así de paso me siento útil y aprendo a cocinar.

El keke


Buscando en Internet una receta fácil (entendible) y barata (rica) encontré una de un keke de naranja en un blog femenino.

La primera impresión fue que todo era fácil, pero como todas las cosas en esta vida las cosas que se ven fáciles son un poco mas difíciles de lo que parecen.

Tomar el camino fácil no es siempre el bueno, pienso que preparar un keke para quizá comerlo después con una taza de café sentado viendo tele seria lo mas justo. El camino difícil nunca seria fácil sin pasar por el comienzo.

Harina, huevos, margarina, polvo de hornear, coladera y otras cosas que recuerdo vagamente estaban sobre la mesa. Mi madre me ayuda rayando la naranja mientras yo me saco ampollas cremando* la margarina.

Llevo mas de veinte minutos batiendo y haciendo ruido con el cucharón de palo y aun falta mucho. Veo por la ventana y ya esta empezando a oscurecer.

Me resigno y mi cabeza toma el camino fácil: después de batir, pongo casi todos los ingredientes juntos, haciendo caso omiso a esa regla de oro que tienen los expertos cocineros (o al menos eso decía en la receta) : procurar mezclar muy bien uno por uno lo ingredientes.

Mi mente toma el camino difícil (difícil, por la decisión) y con remordimiento en la sangre mezclo todo haciendo caso omiso a la receta.

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Me quedo dormido en el sillón por mas de una hora y cuando despierto ya es de noche. En el ambiente se siente algo a punto de terminar de cocinarce.

Por alguna extraña razón me siento todo una ama de casa y carcajeo mentalmente imaginandome con un mandil blanco con bordes ondeados.

El keke sale algo pequeño pero tiene buen aspecto.

Por dentro hay especie de huecos, es algo raro pero tiene buen aspecto.

Sale de un color muy encendido pero sigue teniendo buen aspecto.

No se parece nada a la foto que estaba en la receta, pero...tiene buen aspecto (repito mentalmente).

A la familia le gusta el keke (se asombran mas que nada) dicen que para ser la primera vez está muy bueno, pero pienso que lo dicen por quedar bien (o por que otro domingo vuelva a preparar y se ahorren el comprar pan) o tal vez en verdad si les gustó ( y esperan que el otro domingo vuelva a prepararlo de nuevo y se ahorren el pan), en fin. La mano derecha me late al ritmo del corazón y reviso la laptop que había estado prendida desde que busque la receta.


- Oe en verdad no aguanto (risas) pero yo cuando cuando no tengo nada que hacer me pongo a jugar play o a hacer ejercicios- me dice J tecleando un jajaja al final de lo que escribe y después de contarle lo del keke.

La conversación se extiende y otra amiga hace un comentario parecido. Mi padre también se asombra al llamar por teléfono, mi hermana también.


y uno que quiere hacer cosas diferentes tomando el camino fácil pero se la hacen dificil.


*cremar: hacer que la mantequilla adquiera textura de crema.

domingo, 8 de noviembre de 2009

La tía Vilma se rompe



La tía Vilma se rompe
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La tía Malena es una tia que conocí ya de muy grande y siempre visitaba a mis abuelos y a mis tías. La tía vivía en Piura y de vez en cuando cuando venia, nos traía un saco de camotes y un par de sonrisas bajo el brazo.
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Yo solo la vi un par de veces, pero por lo que me cuenta mi madre, mis tías y mi abuela era una muy buena persona.
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Es por eso que me sorprendió mucho cuando ayer llamaron diciendo que había muerto.
Y ya al día siguiente sentados terminando de tomar desayuno una de mis tías decide hacer una pequeña oración.
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Dejo la revista que leía minutos antes a un lado y mientras veo que alguien prende una vela pequeña, junto mis manos y bajo la mirada.
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Empezamos a rezar y una de mis tías, la tía Vilma, se rompe en llanto. La oración se interrumpe de repente por sus gemidos y palabras que no logran entenderse. La llama de la vela se incrementa un poco y comienza a tintinear.
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Mi otra tía continua rezando en voz alta pero se le entrecorta la voz. Mi abuela a su lado da un suspiro y mi mama los observa desconcertados.
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Los sollozos de la tía Vilma se incrementan y se inclina sobre la mesa apoyando los codos y ocultando la cabeza bajo los brazos.
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Yo no se que decir, así que fijo la mirada en la revista. Todo se me hace borroso y intento tratar de leer pero no puedo así que vuelvo a mirar la mesa. La vela deja de tintinear y las oraciones terminan.
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Mi primo que llegó casi a la mitad de la oración mira asustado a la tía Vima que no para de llorar. Se logra escuchar cosas como "ella era muy buena", "siempre cuando venia, dormía en mi cama" y "siempre la pasaba bien acá".
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Y de pronto entiendo que ella eran primas muy unidas.
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Nunca había visto a mi tía Vilma de aquella forma, ya que precisamente ella es de las que aparentan ser calmadas para ese tipo de cosas que incluso podría parecer un poco mas fuerte ante una perdida familiar. Pero no.
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Mi abuela suspira otra vez y vuelve a la cocina.
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Mi primo desaparece de la escena.
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Mi tía que rezaba se sienta y sirve un vaso de agua.
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Mi madre soba la espalda de la tía Vilma,
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Yo vuelvo a, inútilmente, leer la revista.
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La llama de la vela se queda quieta.
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Y el ultimo sollozo deja de sonar.